La Educación, un sueño compartido

La Educación, un sueño compartido

El gran potencial de nuestros niños y jóvenes exige un direccionamiento pedagógico adecuado para cubrir una demanda urgente de nuestra sociedad; la de encontrar modelos viables, funcionales y sustentables que los lleve a participar de una bien entendida calidad de vida, aunque a nosotros los adultos no nos alcance para disfrutarlo

 Hector Romero Muñóz / Humanista Pedagogo

El gran potencial de nuestros niños y jóvenes exige un direccionamiento pedagógico adecuado para cubrir una demanda urgente de nuestra sociedad; la de encontrar modelos viables, funcionales y sustentables que los lleve a participar de una bien entendida calidad de vida, aunque a nosotros los adultos no nos alcance para disfrutarlo.

La formación y educación de nuestros hijos deben andar por el mismo camino. Padres, Profesores y  Escuela, sumando experiencias y conocimientos pueden y deben consolidar los futuros líderes que administrarán y dirigirán en unos años Empresas, Política, Organizaciones y el País, comenzando claro está, por su núcleo familiar.

En este sentido, el desarrollo del talento de nuestros muchachos debe estar soportado por conceptos muy definidos en su tabla de valores; donde la ética, la responsabilidad social y ambiental soporten la estructura de todo el trabajo. La crisis y los conflictos del mundo actual lo exigen y  la situación de nuestro país lo pide a gritos.

Seguramente en el corazón de todos reposa el deseo de paz, tranquilidad, equidad, bienestar, prosperidad, abundancia. Pregunta:  ¿Estamos realizando la tarea desde los diferentes frentes para lograrlo? o seguimos con una actitud cómoda, complaciente y además muy riesgosa de observar lo que sucede a diario y acomodarnos de la mejor manera  a la injusticia, la violencia, la corrupción, la ignorancia y demás desgracias que carcomen minuto a minuto este bello país.

Los logros personales, profesionales, deportivos, sociales de nuestros hijos valen mucho para ellos,  son gratificantes para nosotros como padres y muy importantes para el desarrollo de nuestra Nación, pero no deben llegar de cualquier manera ni se deberían alcanzar  por medios ilícitos.

“Todo el mundo roba, todo el mundo miente. En este mundo solo hay ganadores y perdedores.”

Lo anterior lo escuche en el diálogo de una película y también sabemos que es el pensamiento de muchos compatriotas, desafortunadamente la mayoría jóvenes, que hoy justifican su proceder para estar en el bando de “los ganadores”. Es el ejemplo que han venido recibiendo. Los hechos les dicen que tendrían que ser  muy pendejos para tratar de salir adelante siendo  personas  honestas y pulcras en sus procedimientos.  

Las reglas con las que venimos jugando como el oportunismo ordinario y descarado de muchos funcionarios de alto estatus para sacar tajada, o la sagacidad del ciudadano del común de la que nos vanagloriamos para tumbar al que da papaya, nos han sumergido en un ambiente decadente de prevención y  desconfianza en la relación con las otras personas. Las instituciones, la academia, la política están desprestigiadas por la ineficiencia y la deshonestidad algunos de sus funcionarios y lo peor que nos ha sucedido, es habernos acostumbrado a convivir con esto.

¿Seguiremos entonces “educando” y graduando profesionales que piensen y actúen así,  para seguir con lo mismo? Si no es una Educación adecuada… ¿Cuál es el camino? Tal vez existan otras formulas o, simplemente dejamos llegar a situaciones extremas, que seguro serán dolorosas, las que provoquen el cambio.

Una educación de calidad, más allá de los ladrillos y la tecnología. Mucho más que estudios, investigaciones rebuscadas o modelos importados. Una educación sin discurso ni demagogia. Una educación para nuestra realidad y que sea coherente con nuestras necesidades. Una educación que rehabilite al ser humano.

Una educación que forme verdaderos líderes, inteligentes y talentosos que no repitan los errores de la sociedad actual y las precedentes, capaces de combatir la estupidez en sus diferentes presentaciones y que tengan las cimientos para convertirse en  excelentes padres, verdaderos amigos, tecnólogos, hermanos, obreros, empleados, científicos, deportistas, artistas, profesionales, políticos, empresarios…. EXTRAORDINARIOS, con la responsabilidad de cuidar su propia vida, la de sus semejantes y el planeta con sus diferentes ecosistemas, si queremos seguir haciendo historia.

Esto suena ideal y puede parecer una ilusión, o el argumento de una buena novela,  solo que la cruda realidad nos obliga a despertar y a ponernos manos a la obra ante la escases de tiempo y el degradante estado  que hemos alcanzado.

Héctor Romero Muñoz

Humanista – Pedagogo

infosaberaprender@gmail.com

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